Boletín CRA -¿Cómo y cuándo nació tu interés por escribir?
SB - No creo en los nacimientos programados, es decir, nunca me propuse ser "escritora" y de hecho todavía tengo complejos con el apodo. Más bien, resumiría mi aterrizaje a la literatura como un proceso personal en el que pasé de ser una lectora compulsiva (leo mucho y desde muy chica) a una lectora que escribe. Evidentemente, escribir me gustó desde que aprendí a hacerlo, no hubo interfaz, no hubo trauma, fue parte de un proceso natural y estimulado por una familia amante de los libros. Mi mamá me regaló un diario de vida cuando tenía nueve años y comencé a llenarlos con anécdotas o historias de perros y aventuras. Entonces, mi abuelo francés era mi editor y el único gran lector de mis cuentos interminables y poesías imposibles.
Boletín CRA -¿Te consideras primero lectora o escritora?
SB - Me considero lectora, de todas maneras, no hay nada más estimulante que un buen libro, una historia bien contada. Claro que escribir también es alucinante, pero conlleva trabajo, horas de cabeceos, de luchas contra tus propios fantasmas, en cambio, la lectura es una compañera fiel, puro placer. Son curiosos los caminos que recorren los libros para llegar a uno, se las ingenian para estar contigo en el momento preciso, nunca antes ni después. Me ha pasado varias veces que busco un libro que me interesa durante mucho tiempo y cuando por fin lo encuentro, me doy cuenta de que es una historia que no podría haber leído antes, justo lo que necesitaba leer.
Boletín CRA -¿Cómo nació la idea de tu primer libro?
SB - No sé cuál es mi primer libro, ¿el primero escrito o el primero publicado? Ese es un problema, porque he escrito mucho, lo que sí puedo afirmar es que las ideas para un libro nacen como un humor, un estado de ánimo, algo que me provoca y me toca el alma. Están ahí revolviéndome la cabeza y no me libero de ellas hasta que las escribo. A veces puede ser una imagen, como me ocurrió con La momia del Salar, en que la imagen de la momia linda me perseguía; otras, el hecho de veranear en una casa llena de ratones y acostarme sintiendo que arriba del techo había una fiesta que no me dejaba dormir. Otras veces, claro, se producen por procesos más largos como me ocurrió con El animero del desierto, en donde escribí sobre la muerte del padre y el primer amor.
Boletín CRA -¿De qué forma vuelcas tu interés por el medio ambiente en las obras que escribes?
SB - A mí me provocan las etiquetas del tipo "preocupación por el medio ambiente". No sé, me suenan a política y yo soy personal, digo, creo firmemente que uno puede cambiar el mundo, su entorno, si te propones tener consecuencia entre lo que amas, lo que te vitaliza y lo que haces, es decir, yo necesito la tierra para vivir, los cerros, el mar. Méterme a capear olas es uno de los placeres de mi vida y por eso cuido el mar, no lo ensucio y lo respeto. Lugares como el desierto de Atacama, en su versión más wild y fantasmagórica, son espacios que me han ayudado a crecer, a forjarme como ser humano y me generan gratitud.
Boletín CRA -¿Cuál es tu obra que más te gusta y por qué?
SB - Todos mis libros me gustan por diferentes razones, pero también en conjunto porque son diferentes y cada uno es especial a su manera. A Otelo… lo escribí cuando acababa de morirse mi perro, El animero… surgió en momentos de duelo y pérdida, La casa del ahorcado la escribí por el placer de recordar mi infancia en el campo con mis primos y así cada uno tiene una historia detrás, un momento histórico en que surgió y fue escrito y lo hace querible para mí.
Boletín CRA -¿Cuál es tu próximo desafío profesional?
SB - Ahora mismo estoy sumergida en un proceso escritural que ha sido heavy. Es decir, después de El animero del desierto, en el que recibí muchísimos mails y comentarios de adolescentes que se sintieron interpretados por Cristina, la protagonista, quise ahondar en esa etapa. Porque la adolescencia es un período en la vida tan frágil y al mismo tiempo tan imbatible. Yo creo que nunca fui más intensa que entonces. La vulnerabilidad que genera la indefinición, el sentir que puedes llegar a ser lo que quieres, que la vida te pertenece, hay una gran sensación de libertad y al mismo tiempo de limitación y quise plasmar todo eso en Ejercicio de supervivencia, el libro que estoy escribiendo y que me ha costado sangre, sudor y lágrimas, literalmente.
Boletín CRA -¿Tienes recuerdos de tu biblioteca escolar?
SB - La biblioteca de mi colegio era atendida por dos señoras muy estiradas que apenas poníamos un pie en ella nos pedían silencio y a reglón seguido anunciaban que "los libros no se tocan". Así es que solo podías ir a recoger el libro del plan lector y nada más. Por suerte en mi casa había biblioteca, igual que en la casa de mi abuelo y eran lugares íntimos, semi oscuros, con grandes cortinas de terciopelo verde oliva en el caso de la casa de mi abuela y siempre tuve la impresión que ahí se guardaban los secretos del mundo. Nadie me molestaba y podía pasarme horas leyendo echada sobre el sofá. La biblioteca de mi papá era especialmente interesante para una niña como yo que le gustaba intrusearlo todo, porque mi papá guardaba entre los libros y álbumes de foto recortes de diarios, recuerdos de viaje, tiquets del metro de París, planos de capitales europeas y otras miles de chucherías con las que me gustaba jugar a que viajaba por el mundo.
Boletín CRA -¿Cuál fue la primera lectura que te marcó en tu infancia?
SB - En mi primerísima infancia me marcó La porota y Mujercitas, pero como pertenezco a una generación de infantes sin internet ni teléfonos celulares, la lectura reemplazó muchas búsquedas inquietas de esos años mozos… digo, que a los trece años leí La tía Julia y el escribidor, con plena conciencia de que ese libro no era para mí, pero que se ajustaba al despertar sexual que estaba viviendo.
Boletín CRA -¿Qué consejo le darías a un mediador para fomentar la lectura en niños no lectores?
SB - Que no se permita ser aburrido, que si algo lo aburre a él, también aburre a los niños, por lo tanto, que busque entretenerse y resultará entretenido, que no abandone la oralidad, porque siempre una historia narrada es estimulante y la oralidad lleva a la lectura, necesariamente. Y por último, que lea mucho, que sea obsesivo en leer eso que los niños leen fuera de clase, yo creo que un mediador de lectura tiene que ser un busquilla, un inquieto observador del mundo.
Boletín CRA - Tres obras que un niño de 10 años no puede dejar de leer.
SB - ¡Uy!, qué pregunta más difícil, sobre todo porque hoy se están publicando libros literariamente muy buenos, pero en términos básicos creo que un niño no debe dejar de leer aventuras (la sensación de ese mundo que está ahí para ser descubierto siempre es estimulante), debe leer ficción (en Chile está escribiéndose ucronías y otras buenas ficciones), debe leer humor (aprender a reírse de uno mismo es quizás una de las virtudes más apetecibles para tener una vida sana), debe rendirse ante una buena historia de amor, todavía recuerdo cuánto lloré con Love story. También exponerse a la sensibilidad de libros ilustrados, esos que dicen poco pero que llegan directo al alma.